Intercambio equivalente: tienes que dejar ir para recibir

El costo de la vida que quieres es la vida que tienes.

Para recibir tienes que primero entregar, dejar ir.

El costo de ser quien quieres ser es “perder” quien estas acostumbrado a ser.

Y puede sonar muy facil y conveniente < Quien no quiere dejar de ser esa versión que no nos gusta de
nosotros para ser otra nueva mejor o mas coherente? >

Pero la realidad es que inconscientemente nos gusta y nos resulta muy cómodos quedarnos como somos.
Aunque en la superficie digamos que queremos un cambio rotundo, muy en lo profundo tenemos un fuerte arraigo a la identidad que ya hemos creado y nos resulta muy conveniente mantenerla viva ya que es lo seguro, lo que estamos acostumbrados.

Nuestra mente prefiere siempre lo conocido, así ahorra tiempo y gasta menos recursos.

Es por eso que muy a menudo cuando nos decidimos a cambiar terminamos auto-saboteandonos para volver a lo que ya conocemos, es la manera que tenemos de “controlar” la vida.

Si haces lo que siempre hiciste > Consigues los mismos resultados ya conocidos > Te mantienes igual

“CONTROL”

Esto es conveniente a nuestra mente, al cerebro, mejor fracaso conocido que éxito por conocer, resulta mas “safe” nos mantiene a salvo de lo desconocido y lo que podría llegar a pasar si damos un salto de fé, sin saber el resultado hacia un rotundo cambio en nuestras vidas.

Es por eso que el cambio se siente incómodo, tan difícil, con cierta resistencia. Como si la inercia nos empujaria a seguir en la misma situacion (Lo hace)

En orden a generar un cambio permante en tu ser es necesario soltar ese “control”, aprender a abrazar la incertidumbre como el lugar donde mayor crecimiento se produce, donde verdaderamente nos conocemos en totalidad.

“La flor que florece en la adversidad es la más rara y hermosa de todas”

Lo cierto es que nadie tiene el control absoluto, pero nos gusta sentir esa ilusión de seguridad y poder. Nos hace sentir a salvo.

El intercambio equivalente propone que para recibir lo que deseamos debemos entregar a cambio algo de la misma magnitud o tamaño.

Si lo que deseamos es tan grande como una identidad en la que nos sintamos autenticos y coherentes, parados en nuestro poder, honrandonos y respetandonos, en constante direcciones hacia nuestros objetivos, defendiendo nuestros ideales, enfrentando miedos, conquistando las profundidades de nuestro ser
pues entonces debemos ser conscientes del precio a pagar, el cual no es otra cosa que la falsa identidad que creamos alrededor del miedo, limitaciones, empobrecimiento, juicio, vergüenza, culpa, ira, rencor, resentimiento, auto-lastima, etc.

Como ya dije anteriormente, suena conveniente y hasta fácil el “querer” entregar estos aspectos de nuestra personalidad pero te daras cuenta rapidamente que algunos de ellos estan arraigados tan profundamente en nosotros que resulta arduo el trabajo de desprendernos de ellos, como si de una adiccion se tratase.

Pues de alguna manera es cierto, nuestro cuerpo esta acostumbrado a ser de esta manera, a repetir mismas acciones, pensamientos, emociones por ende mismos movimientos, mismas expresiones, hasta reacciones quimicas dentro nuestro.

Esta es la seriedad con la que debe tratarse el asunto, toda la bioquimica de tu cuerpo esta acostumbrada a funcionar de cierta manera,
tomar otra direccion no se dara de la noche a la mañana, toma practica y tiempo de acostumbrase a una nueva huella, a nuevas decisiones y nuevas reacciones.

El 50% del proceso viene de dejar de alimentar los circuitos que ya no son coherentes con quien queremos convertirnos. Ayuno, dejarlos que mueran de hambre, perdonar, dejar ir, mirar hacia adelante y dejar el arrepentimiento.

La otra mitad consistirá en comprometernos con la intención que tenemos, regar día a día la semilla de quien queremos ser y de lo que queremos contruír. Sumergirnos profundamente en el proceso de gestar una identidad, generar nuevos circuitos, re-escribir el codigo con el que fuimos programados. Ponernos entre la espada y pared, lanzarnos a lo desconocido. Vencer la ilusión del peligro, la ansiedad y la respuesta al estrés. Acostumbrar a nuestro sistema nervioso de quien verdaderamente somos y como merecernos sentirnos a traves de la accion consistente y de encarnar nuevos estados.

Abrir la puerta a la compasión, la auto-validación y el empoderamiento y así recuperar nuestro derecho natural de ser quien verdaderamente somos y de vivir la vida que queremos.

Completos e “imperfectos”.

Únicos y a la vez una parte del todo.

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